domingo, 2 de agosto de 2026

Décimo quinto round.

Me levanto del suelo, tambaleándome, me siento aturdido, como si un camión me hubiera pasado por encima. No me quedan fuerzas, tan sólo actitud, y no mucha.
Mi gesto es confuso, no se sabe si serio, sin anodino, si vencido, si pensando mi último golpe fatal.

Me duele el tiempo, el pasado, los anhelos, mis dedos muertos, y mis ojos que no pueden llorar.

A treves de un pequeño cuadradito me asomo al mundo.
Escondido en una caja, oscura y fría.

Mis manos desean acariciar, la hierba, el metal frío, el pelo de un gato, tu piel.

El último round, no quiero levantarme de la lona.
Mi alma ensangrentada y mis nudillos partidos.

Mi mirada es fija, mis ojos muertos.


sábado, 1 de agosto de 2026

Noches de verano.

Mientras doy el paso que cruza el meridiano de este eterno y fugaz verano, me paro a pensar en el aire. Relativizo todo, paro el tiempo en mi mano, miro mi pasado-futuro, albergo ilusión y esperanza y a la vez lloro por dentro.

Pienso, sobrepienso, imagino, me recreo en una mera ilusión.

Me gustaría no estar roto, pasado de vueltas, no tener ese cable que falla y no me deja sonreír tanto como me gustaría y como pudiera merecerme.

Mis manos están frías en este infernal verano que nos matará. (Al menos un poco esta noche.)

Mis manos están frías de no tocar, de no acariciar, de no modelar ese barro y esa carne.
Mis ojos vacíos de tanto mirar al abismo, me oigo rugir y gruñir, camino despacio, haciendo crujir las hojas secas bajo mis pies, en este bosque oscuro, a oscuras, que recorro con los ojos cerrados.

Otra noche de verano, insomne, pensando en las calamidades del mundo, sin apenas poder hacer nada que no sea acariciar las ideas con la punta de mis dedos.

Quisiera un mundo mejor, aunque eso conlleve exterminar a gran parte de la población.